Alquilar un riad en la medina de Marrakech: lo que conviene saber antes

A cultural and popular heritage of marrakech
A cultural and popular heritage of marrakech · R.maabid · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Un riad no es un hotel con patio. Es una casa que mira hacia dentro, ciega por fuera, ordenada alrededor de un patio abierto al cielo. Esa manera de construir explica casi todo lo que gusta y casi todo lo que sorprende la primera noche. El resto lo deciden la dirección y la persona que te abre la puerta.

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029 Marrakech Février 2019
029 Marrakech Février 2019 · Jacmin · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Una casa que le da la espalda a la calle

Desde el derb no se ve nada: un muro encalado, una puerta claveteada y poco más. Toda la luz entra por el patio. Eso mantiene la casa fresca en verano, porque el aire caliente sube y se escapa por arriba, y es lo mismo que deja en penumbra a mediodía una habitación de planta baja.

El patio es además una caja de resonancia. Una conversación bajo el naranjo a las once de la noche se oye en todas las habitaciones. Con el sueño ligero, pide una habitación alta y lejos de la escalera. En grupo es justo al revés: el patio se convierte en el salón común, y ahí está la gracia.

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Bahia Palace Marrakech 71IMG 20180323 104146 (29494464668) · János Korom Dr. >17 Million views from Wien, Austria · CC BY-SA 2.0 · Wikimedia Commons

El patio hace el clima, y el invierno lo deshace

En julio y agosto la casa funciona mejor que un aire acondicionado mal puesto: se vive abajo, en la sombra del propio edificio, y la azotea no es habitable hasta que el sol baja. Una terraza fotografiada a pleno sol no dice nada de para qué sirve a las tres de la tarde.

De diciembre a febrero el problema se da la vuelta. Una casa de muros gruesos sin calefacción está helada a primera hora, aunque a mediodía se esté de maravilla en la calle. No preguntes si el riad tiene calefacción: pregunta cómo se calienta tu habitación. Y como el patio está abierto, las lluvias de primavera caen dentro.

El patio es el aire acondicionado de la casa en agosto y su punto débil en enero.

El riad entero o una habitación con los dueños dentro

Alquilar la casa completa significa disponer del patio, de la cocina y de la azotea, y marcar tú el ritmo: desayunar a las once, cenar arriba, volver tarde sin cruzarte con nadie. Para una familia o un grupo de amigos, el precio por persona baja rápido por debajo del de un hotel decente.

Una habitación en una casa donde viven los propietarios es otra cosa. Desayuno bajo el patio, consejos de primera mano y alguien que descuelga cuando la cerradura no cede. A cambio, la vida en común tiene sus horarios. Si coges un riad pequeño entero, mira bien la cocina: horno, agua caliente y si la limpieza va incluida.

La dirección pesa tanto como la casa

La medina no es un bloque uniforme. Alrededor de Jemaa el-Fna lo tienes todo a pie, pero la animación no para nunca: carretillas sobre el empedrado, motos, grupos que vuelven de madrugada. Hacia el Mellah o la Kasbah se duerme bastante mejor y se andan cinco minutos más.

Al norte, hacia Bab Doukkala o Dar el Bacha, las calles son más anchas y el taxi se acerca mucho más al portal. Pero el derb pesa tanto como el barrio: dos casas vecinas no tienen la misma noche según den a un callejón que lleva al zoco o a uno sin salida.

Cinco cosas que conviene tener por escrito antes de pagar nada:

Lo que las fotos no enseñan nunca

Las escaleras. Muchas, empinadas, a veces sin barandilla y con zellige que resbala. Nada grave si caminas bien y viajas ligero; otra cosa con una maleta rígida o una rodilla tocada. Dilo al reservar y te darán la habitación de abajo, que en casi todas las casas existe.

La medina está en obras permanentes, y una obra medianera se oye porque los patios se comunican por el cielo. Un baño anunciado como privado puede estar al otro lado del patio, y el agua caliente salir de un termo que sirve a dos habitaciones: la tercera ducha de la mañana sale fría.

Súmale el wifi, que no atraviesa cuarenta centímetros de muro. Nada de esto desaconseja una casa antigua: es justo lo que la hace antigua. Solo molesta cuando lo descubres la primera noche.

La llegada, el pasaporte y la tasa

El taxi para en la calle transitable más cercana y el último tramo se hace a pie, sobre un empedrado irregular. Son pocos metros, pero con equipaje se hacen largos. Muchos riads mandan a alguien con una carretilla si avisas. El error clásico sigue siendo aparecer de noche sin decir a qué hora llegas.

En la puerta empieza el papeleo, que es poco. Te pedirán el pasaporte para el registro de la casa. La tasa de estancia se paga allí mismo, por persona y noche, y su importe depende del municipio: pídelo por escrito si llevas el presupuesto ajustado. Y pregunta cómo se paga, porque en las casas pequeñas el efectivo sigue siendo la norma.

Tres mensajes valen más que treinta fotos

Un riad se alquila mejor después de una conversación que después de un álbum. Pide un vídeo corto del camino desde donde para el coche hasta el portal, la hora a la que puedes entrar y qué hay puesto: sábanas, toallas, jabón, café. Quien contesta con precisión a esas tres cosas casi siempre es buen anfitrión.

Deja cerradas también la cancelación, la limpieza y la fianza antes de reservar: discutirlo con las maletas en la mano es incómodo para todos. En Dwirat cada anuncio abre una conversación directa con la persona que alquila.

¿Se puede llegar en coche hasta la puerta del riad?

Casi nunca, y conviene dar por hecho que no. El coche se queda en la calle transitable más próxima y el derb se hace andando. Muchas casas mandan a alguien con una carretilla si avisas de la hora.

¿Es un buen sitio para ir con niños?

Sí, y el patio suele ser el mejor rincón de la casa para ellos. Comprueba dos cosas antes: la altura de las barandillas del patio y de la azotea, y la profundidad de la pila si la hay.

¿Hay que alquilar el riad entero para estar tranquilo?

No. Un riad de cuatro o cinco habitaciones es tranquilo de por sí, porque la casa limita el número de huéspedes. Las que pierden ese punto íntimo son las casas grandes convertidas en alojamiento, con gente cruzando el patio a todas horas.

¿Cuál es la mejor época para dormir en un riad?

La primavera y el otoño: días cálidos, noches suaves y azotea aprovechable de la mañana a la noche. En verano la casa protege bien, pero la terraza solo sirve al caer el sol. En invierno todo depende de la calefacción.

¿Qué papeles hacen falta al llegar?

El pasaporte, que te pedirán para el registro de la casa, y suelto para la tasa de estancia, que se paga por persona y noche. El importe lo fija el municipio y cambia, así que confírmalo con el propietario.

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