Dormir en Merzouga: una noche en las dunas y dos en el pueblo

Caravane de chameaux au milieu des dunes de Merzouga
Caravane de chameaux au milieu des dunes de Merzouga · Houssain tork · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

En Merzouga hay dos noches que no se parecen en nada. La del Erg Chebbi, sin una farola ni un motor a la redonda, donde se oye moverse la arena. Y la del pueblo, con agua caliente y el coche en la puerta. La gracia no está en elegir una: está en saber en qué orden encadenarlas.

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Les dunes de Merzouga
Les dunes de Merzouga · Loukili fatima zahra · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

La noche en la jaima: lo que se gana y lo que se deja

A los campamentos se sale una hora antes de la puesta de sol, en dromedario o en 4x4. La hora no se negocia: media hora tarde y llegas de noche. Son hora y media sobre una silla dura.

Lo que se gana ahí arriba cuesta encontrarlo en otro sitio: silencio de verdad, cielo sin contaminación lumínica, el amanecer desde una cresta. Lo que se deja es el confort: baños justos, generador unas horas al anochecer y arena entre los dientes.

A la mayoría le sobra con una noche. Dos, si vienes a fotografiar o a caminar de madrugada por crestas sin pisar. Más allá aparece el aburrimiento: entre las diez y las cinco de la tarde no se sale de la tienda.

Merzouga dune quad tour
Merzouga dune quad tour · SaharaADV · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Merzouga y Hassi Labied: la base del viaje

Merzouga y Hassi Labied, el caserío de al lado, alinean casas y apartamentos al pie del erg. Ahí duermes antes de la jaima y después, y ahí dejas el coche. La ducha que de verdad cuenta es la de la vuelta.

Muchas casas tienen la terraza mirando al este, con las dunas enfrente: el amanecer es casi el mismo sin madrugar a las cinco. Con niños pequeños o con los abuelos suele ser la respuesta buena.

El precio del pueblo es el ruido. Los 4x4 arrancan temprano, los quads dan vueltas toda la tarde, y una casa en la pista principal no da la misma noche que otra dos callejas más atrás. En las fotos, mira lo que hay delante de la puerta.

Aquí el mes lo decide todo

De octubre a abril es cuando hay que venir. Días templados o calurosos, noches frescas o frías, y en enero hiela alguna madrugada: escarcha en el parabrisas a un paso del Sáhara. Mayo y septiembre se pagan menos.

De junio a agosto se llega a 45 grados a la sombra, y allí no hay sombra: muchos campamentos cierran. En primavera el viento levanta arena y anula la salida. Pregunta qué pasa entonces con lo pagado, porque cambia de una casa a otra.

Qué sube a las dunas y qué se queda abajo

El error típico no es olvidarse la crema solar. Es hacer la maleta pensando en país caluroso y descubrir a las dos de la mañana que entre el mediodía y el amanecer hay veinte grados de diferencia. Las mantas del campamento están contadas.

El resto se queda abajo. Una maleta con ruedas no rueda sobre arena, nadie la va a subir hasta la tienda y el dromedario carga poco. Reparte el equipaje la noche anterior, no diez minutos antes.

Pueblo, dunas, pueblo: el orden que funciona

El esquema probado cabe en tres noches: pueblo al llegar, jaima, pueblo a la vuelta. La primera parece de sobra y no lo es. Desde Fez o Marrakech son ocho o diez horas de carretera, y llegar a las cuatro para salir a las cinco arruina la mejor tarde.

La de la vuelta sirve para lavarte, sacudir la ropa y dormir sin arena en el cuello. Quien se la salta encadena una noche corta con una carretera larga, y ese cansancio llega de golpe pasado Erfoud.

Lo que hay que preguntar antes de pagar

Un anfitrión que contesta con precisión a cinco preguntas te ahorra casi todos los sustos. El que responde «no te preocupes» a las cinco te está prometiendo por lo menos uno.

Pide las respuestas por escrito, por mensaje, sin ceremonia. No es desconfianza: es lo que resuelve el día en que dos personas recuerdan dos versiones distintas de la misma conversación.

Lo que decepciona, y cómo esquivarlo

El campamento «de lujo» suele ser una tienda de lona con una cama de verdad y una buena alfombra. Para un sitio sin carretera es muchísimo; para quien esperaba un hotel con paredes de tela, no. Mira las fotos de los baños.

El otro clásico es la primera cresta, a diez minutos del pueblo: en temporada alta parece un andén, con huellas por todas partes y cola para la misma foto. Camina veinte minutos hacia el sur y te quedas solo.

La cuenta la suben la temporada alta, el número de personas y lo lejos que quede el campamento. Traslado, cena, acompañamiento y dromedario se van sumando cuando nada se ha cerrado antes de salir.

¿Es plan para ir con niños?

Desde los cinco o seis años, sí, con ropa de abrigo de verdad y aceptando unos baños básicos. El dromedario se cambia por un 4x4, y eso resuelve el caso de los más pequeños.

¿Hay cobertura y electricidad en las dunas?

La cobertura va y viene, y desaparece en cuanto se cruza una duna. El generador funciona unas horas al anochecer y luego se apaga: carga el móvil, la cámara y la batería externa antes de salir del pueblo.

¿Merzouga o Hassi Labied?

Para las dunas da igual: empiezan a unos cientos de metros de los dos. Merzouga concentra las tiendas y el movimiento, Hassi Labied es más tranquilo. Si duermes mal, elige el segundo.

¿Hace falta un 4x4 para llegar al pueblo?

No. El asfalto llega a los dos pueblos y un coche normal basta. El 4x4 solo hace falta para las pistas hasta los campamentos, y ese trayecto lo pone el anfitrión. No te metas tú solo en la arena.

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